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La dicotomía del control: qué depende de ti y qué no

Por Inteligge7 min de lectura
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Dicotomía del control: qué depende de ti y qué no

Hay una frase que abre el manual de Epicteto y que probablemente sea lo más útil que se ha escrito sobre cómo vivir:

De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no.

Suena obvia. Se repite en mil sitios. Y casi nadie la aplica, porque entenderla lleva un minuto y usarla cuando algo duele lleva años.

Qué significa exactamente

Epicteto divide todo lo que existe en dos columnas.

En la primera está lo que es enteramente tuyo: tu juicio sobre las cosas, tus intenciones, tus decisiones, lo que eliges hacer a continuación. Nadie te lo puede quitar y nadie decide por ti.

En la segunda está todo lo demás: tu cuerpo, tu reputación, tu dinero, lo que otros piensen y hagan, el resultado de tu esfuerzo, el pasado entero y casi todo el futuro.

La tesis es incómoda: casi todo lo que te angustia vive en la segunda columna. Y en la segunda columna no hay nada que hacer, porque por definición no responde a lo que hagas.

El error que todos cometemos

No es querer cosas de la segunda columna. Querer un ascenso, que alguien te quiera, que salga bien una operación — todo eso es humano y no hay nada que corregir ahí.

El error es poner el objetivo en la segunda columna. Porque entonces tu tranquilidad queda en manos de gente que no conoces y de circunstancias que no controlas.

Un ejemplo concreto:

  • Objetivo mal puesto: «que me den el trabajo».
  • Objetivo bien puesto: «preparar bien la entrevista».

El primero depende del comité, de otros candidatos, del presupuesto y del humor de alguien esa mañana. El segundo depende solo de ti. Y aquí está lo que casi nadie ve: el segundo también mejora las probabilidades del primero, porque alguien que prepara con calma entrevista mejor que alguien que llega aterrado por un resultado que no controla.

Lo que no significa

Conviene desactivar tres malentendidos, porque son los que hacen que la idea se descarte antes de probarla.

No es resignarse. Resignarse es dejar de actuar en todo. Esto es exactamente lo contrario: dejar de gastar donde no responde para poder poner todo lo que tienes donde sí.

No es dejar de sentir. Séneca escribió tratados enteros sobre la ira y cartas larguísimas sobre la muerte de un amigo. Nadie pide que no te afecte. Se pide que el primer impulso no decida por ti.

No es una creencia. No hay que aceptar nada previo para usarlo. Se prueba una semana y se comprueba si sirve.

Cómo se usa cuando algo duele

En frío la distinción es fácil. El problema es aplicarla en caliente, así que conviene tenerla convertida en procedimiento.

1. Escribe qué pasó, sin adjetivos

Solo los hechos, como los contaría una cámara de seguridad. «Me escribió a las once y no respondí» en lugar de «me ignoró otra vez». Es más difícil de lo que parece, y ese esfuerzo por sí solo ya baja la temperatura.

2. Reparte en dos columnas

Coge cada pieza de la situación y ponla en su sitio. Sé honesto: casi siempre la primera columna es más pequeña de lo que quisieras, y más grande de lo que temías.

Un ejemplo real, con una discusión de pareja:

Depende de míNo depende de mí
Cómo se lo digoCómo se lo tome
Si escucho de verdadSi cambia de opinión
Pedir perdón por mi parteQue me perdone
Si sigo o me voyLo que ya dije ayer

3. Actúa en la primera y suelta la segunda

De la columna izquierda, elige una sola cosa y hazla hoy. No es motivación: es devolver el mando a donde sí llega.

Y soltar la derecha no es olvidarla. Es dejar de pagar atención por algo que no te la devuelve. Volverá a la cabeza —volverá muchas veces— y entonces se repite el reparto, sin pelearse con uno mismo por que haya vuelto.

Veinte siglos después de Epicteto, Albert Ellis lo citó explícitamente al desarrollar la terapia racional emotiva, y de ahí salió la terapia cognitiva de Aaron Beck, hoy el tratamiento psicológico con más evidencia acumulada.

La idea que tomaron es esta: entre lo que pasa y lo que sientes hay un paso intermedio —lo que te dices sobre lo que pasa— y ese paso sí se puede intervenir. Es exactamente la primera columna de Epicteto, con otro nombre y con estudios detrás.

No hace falta creer en nada. Es un procedimiento, y se mide.

Empieza por aquí

Coge lo que te preocupa ahora mismo, mientras lees esto. Parte una hoja en dos. Escribe cada pieza en su columna.

Lo más probable es que descubras dos cosas a la vez: que llevas semanas gastando energía en la derecha, y que en la izquierda hay algo pequeño que podrías hacer hoy y que llevas tiempo sin hacer.

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